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La importancia de abordar los efectos psicológicos de la situación de crisis y el confinamiento

El confinamiento debido a la pandemia por el coronavirus Covid-19, nos ha aislado en nuestras viviendas y también de nuestro contacto social habitual. El malestar que hemos vivido durante el confinamiento puede no terminar con el fin de este. Volver a nuestra vida anterior puede resultar más complicado de lo que parece.

La importancia de abordar los efectos psicológicos de la situación de crisis y el confinamiento

El confinamiento debido a la pandemia por el coronavirus Covid-19, nos ha aislado en nuestras viviendas y también de nuestro contacto social habitual. Las primeras semanas de la cuarentena encontrábamos en los medios de comunicación, las redes sociales o en los chats con los amigos miles de consejos sobre cómo afrontar esta difícil situación. Más bien, nos hemos encontrado con una avalancha de sobreinformación muy generalizada y poco especifica, a veces, con consejos utópicos e imposibles de llevar a cabo.

Por otro lado, también se habla de los efectos con los que cargaremos a partir de ahora. El malestar que hemos vivido durante el confinamiento puede no terminar con el fin de este. Volver a nuestra vida anterior puede resultar más complicado de lo que parece.

En algunos casos, puede parecer que la solución sea deshacer el camino, como si tuviéramos que ir hacia atrás, paso a paso hasta volver al punto de partida. Pero resulta que la situación ha cambiado, que nosotros hemos cambiado, y quizás no tenemos suficientes herramientas para gestionar esta nueva realidad a la que nos enfrentamos.

Estamos cansados y desanimados, algunos de nosotros hemos podido experimentar en estos meses autenticas "montañas rusas" emocionales. Por un lado, hemos tenido más tiempo para pensar y quizás esto nos ha llevado a replanteamientos vitales, difíciles de encajar. Otros, hemos compartido más momentos en familia, con la pareja, los suegros o compañeros de piso. Hemos convivido más, pero no hemos elegido pasar este tiempo así, más bien ha sido una convivencia impuesta. Es normal que se hayan generado más conflictos debidos a una convivencia inusual, intensa y en ocasiones aderezada con la incompatible combinación del famoso teletrabajo, el gran volumen de deberes de nuestro hijos, etc.

 

Hay personas que se han encontrado solas y alejadas de sus seres queridos, o han vivido con preocupación la falta de contacto y cuidado de los más mayores de la familia. Otros, como el personal esencial, no han tenido tiempo para ellos, realizando interminables turnos de trabajo y afrontando la situación con mucho desconocimiento. Existen infinidad de situaciones y matices.

Las que eran nuestras rutinas antes del confinamiento, como hacer deporte, salir con nuestras amistades, llevar a cabo nuestros hobbies o aficiones, eran beneficiosas para nuestro autocuidado. Aunque también, cabe la posibilidad de que esa vida tan activa haya podido actuar más como una cortina de humo, una tapadera para evitar confrontar nuestras emociones poco saludables o algunas incoherencias vitales. Y ahora nos percatamos de ello.

Actualmente, son comunes los problemas de insomnio, la ansiedad, el abuso de tóxicos, el miedo, la baja tolerancia a la frustración, la depresión, la falta de habilidades sociales, el estrés, el cansancio, la angustia, etc. Existen muchos motivos y surgen muchas custiones:

 

  • ¿Cómo superar el duelo ante el fallecimiento de personas cercanas a las cuales no hemos podido acompañar en sus últimos momentos, ni despedirnos con nuestros allegados?
  • Nos inquieta la situación en la que han estado nuestros mayores y la sanidad pública. ¿Son las residencias un modelo que debe cambiar? Cómo sociedad, ¿debemos revisar el cuidado de las personas de la tercera edad?
  • ¿Cómo recuperar el distanciamiento social al que nos hemos visto obligados? ¿Tenemos las mismas ganas de hacer actividades en grupo? ¿Nos sentimos culpables por querer seguir en nuestro particular confinamiento?
  • Podemos experimentar la sensación del robo de tiempo, desencadenando una imperiosa necesidad de aprovechar cada instante y de exigir que nuestro tiempo futuro sea provechoso.
  • Es posible generar ansiedad por miedo al contagio. ¿Cuántas personas tienen ahora una preocupación excesiva por la salud?
  • Incertidumbre sobre qué nos deparará el futuro. ¿Tendremos un rebrote del coronavirus?

Tenemos mucho trabajo, y es momento de cuidarnos. Nos enfrentamos a emociones nuevas, pensamientos irracionales, contradicciones, nuevos problemas y diferentes retos personales. Puede que necesitemos ayuda, y nuevas herramientas para gestionar nuestras emociones, pensamientos y comportamientos.

Parar, respirar a fondo, observarse a uno mismo, revisar nuestros valores, pedir ayuda y finalmente actuar en consecuencia. Quizás una de las peores partes sea la de pedir ayuda, y aun más una ayuda profesional. No siempre podemos solos.

Es importante tomar consciencia de lo que te está ocurriendo, el psicólogo te hará de espejo y te reflejará desde un punto de vista objetivo y racional lo que te está sucediendo. Es importante encontrar un espacio y tiempo para ti, donde puedas sentirte escuchado sin juicios de valor, con el fin de aprender como funcionar y vivir de forma más sana y funcional.

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