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La rehabilitación del ictus pasa por estar conectados

Entrevista al Dr. Ander Ramos (San Sebastián, 1980).

Actualmente compagina su labor de investigación en la Universidad de Tübingen, en Alemania, con la dirección de Neurotecnología de la división de Salud de Tecnalia. Con él hablamos de las mejoras que ofrece la tecnología de rehabilitación aplicada a personas que han sufrido un ictus y nos avisa del cambio de paradigma en la rehabilitación; más intensidad, más tecnología conectada y durante más tiempo.

La rehabilitación del ictus pasa por estar conectados

Las interfaces cerebro-máquina son aquellos dispositivos capaces de transformar las ondas cerebrales para ser procesadas y transformadas por una máquina. ¿Crees que son una realidad a la hora de ayudar a la funcionalidad de aquellas personas que han sufrido un ictus?

Efectivamente, los estudios clínicos apuntan en esa dirección. De hecho, en 2013, gracias a un estudio control, ya demostramos que se podía hacer y que daba buenos resultados en pacientes de ictus. Desde entonces, lo han reproducido unos catorce grupos con sistemas similares, así que cada vez hay más evidencia que indica que es posible que estas interfaces produzcan una recuperación significativamente mayor de la que se conseguía anteriormente. De hecho, lo hemos probado con pacientes con ictus totalmente paralizados, ya en un estado crónico, y hemos demostrado que podían recuperar cierta movilidad. Podemos decir que existen dos componentes: uno que indica que necesitamos una rehabilitación más intensiva y duradera en el tiempo, y otro que demuestra que las interfaces cerebro-máquina pueden acelerar esa recuperación de manera significativa si son utilizadas de una manera correcta.

 

¿Esto significa que un paciente que haya sufrido un ictus ha de estar haciendo rehabilitación de manera continua?

Es importante que un paciente que haya tenido un ictus y ya haya salido de la fase aguda tenga una rehabilitación intensiva programada y con un equipo multidisciplinar, tal y como se hace en el Institut Guttmann. Y es importante que esta rehabilitación se base no solamente en tareas para compensar el déficit, sino en recuperar la neurofisiología y la capacidad de volver a encontrar los músculos de una manera correcta. Lo que significa que hemos de entrenar a una cierta intensidad y durante el máximo tiempo posible. Normalmente, el tiempo máximo de rehabilitación es de noventa días, aproximadamente. ¡Es un gran error! hay evidencia sobrada que asegura que se debería hacer rehabilitación relativamente periódica entre uno y dos años, y si es intensiva, mejor. Sabemos que el sistema sanitario no puede permitirse estos programas tan largos, así que hay que buscar alternativas, como serían las interfaces cerebro-máquina, un sistema que te permite, en menos tiempo, acelerar el proceso de rehabilitación, o disponer de programas que permitieran llevar ese entrenamiento cerebro-máquina a casa del paciente y alternarlo con el trabajo que realice en su centro de rehabilitación.

 

¿Podrías explicarnos de una manera sencilla en qué consiste vuestra investigación a la hora de estimular el cerebro hasta conseguir resultados en pacientes de ictus?

Imaginemos una persona que ha tenido un ictus y que intenta mandar señales de movimiento del cerebro a los músculos para que estos se contraigan. El ictus lo que provoca es un agujero en medio de la autopista que hace que las señales no lleguen al músculo, y lo que nosotros intentamos hacer, gracias a la tecnología, es crear un puente para que llegue esa información. Para ello registramos la actividad cerebral de la persona al desear mover ese brazo, y conseguimos moverlo gracias a una prótesis o un exoesqueleto robótico. Es decir, movemos el brazo como la persona quiere moverlo, consiguiendo que llegue a controlar de una manera voluntaria su movimiento, al ver y sentir cómo su brazo se mueve, esto genera una actividad sensorial que vuelve al cerebro y que coincide con la primera intención que tenía pero que sin ese interfaz no coincidía: quería mover el brazo, pero no pasaba nada.

Entrenando esta acción de manera intensiva lo que conseguimos es activar unos mecanismos de plasticidad cerebral que hacen que las células, a través de la acción-reacción, vayan uniéndose o busquen alternativas al primer camino. Así ayudamos a que el sistema se reconecte, es lo que llamamos la plasticidad cerebral.

 

Tus investigaciones se centran casi desde el principio en este ámbito de la neurociencia. Teniendo en cuenta que el ictus es la primera causa de discapacidad en el mundo y la segunda causa en la tabla de clasificación mundial de problemas de salud, estamos hablando de una gran cantidad de personas que podrían beneficiarse de estas terapias. ¿Cómo se gestionan estas expectativas?

Es el problema socioeconómico más importante que tenemos hoy en día, más que nada porque cada vez somos más y más longevos y con unos hábitos de vida poco saludables que aumentan el riesgo de ictus. Lo gestionamos con prudencia, sin publicar nada que no esté demostrado y revisado, somos conscientes de que no hay que crear falsas expectativas en los pacientes. Y lo que estamos intentando es generar conciencia y trasladar, lo más rápidamente posible, los conocimientos probados a la práctica clínica, bien a través de modelos de investigación que se pueden generar, por ejemplo, en el Institut Guttmann, donde se investiga y se ofrecen servicios a la vez, o bien intentando generar start-ups que generen este tipo de tecnologías.

 

¿Crees que estos avances en la rehabilitación del ictus podrían extrapolarse a otras patologías donde también tenga sentido la conexión cerebro-máquina?

Hay que ser prudente. Estamos trabajando en ello y somos optimistas, pero vamos a dejar que el tiempo vaya poniéndolo todo en su sitio y podamos probar toda la investigación. Hay líneas de investigación, como por ejemplo en lesión medular, en la que se está trabajando mediante tecnología asistiva (aquella en la que sin tecnología no se puede recuperar la movilidad), como los exoesqueletos robóticos, pero a diferencia de esta, nosotros trabajamos en la tecnología de rehabilitación, aquella que permite que se utilice la tecnología por un tiempo concreto y luego no la necesites más, que no seas dependiente de ella. Similar a nuestra línea de investigación en ictus, se está trabajando en afasias, y se está empezando a utilizar en casos de esquizofrenia, en depresión y en temas de memoria. El problema en estos casos está en que las señales de control no son tan claras. En un futuro, la neurotecnología, así como otras líneas paralelas, como pueden ser las terapias celulares, la farmacología, etc., tendrán que ir de la mano dada su complementariedad.

 

Parece que las interfaces híbridas tienen sus ventajas con las puramente cerebrales. ¿Cuál crees que es la señal o señales que nos pueden ayudar más?

Las señales cerebrales, como origen, y las señales musculares, como resultado. Una de las teorías de control motor se basa en la mínima energía: nosotros somos vagos por naturaleza. Eso también funciona a nivel neuronal, pero, como investigadores, lo que pretendemos es reconectar con los músculos, por lo que tenemos que incorporar en el control de la interfaz neuronal tanto la actividad cerebral como la actividad muscular, controlando que sea la correcta y la adecuada.

 

¿Crees que los pacientes, a la larga, acabaran completamente conectados cuando estén haciendo rehabilitación?

Puede que sí, que sea mediante wireless (sin conexión física) o a través de micro o nano implantes; y aquí ya nos vamos a la electromedicina o la electrocéutica o medicina bioelectrónica, que consiguen modular funciones orgánicas como la generación de nuevas hormonas…

Si hablamos de rehabilitación, en concreto, resulta todavía más fácil, porque el sistema motor es el que más se conoce y estoy seguro de que todo pasa por neuromodular, reconectar o buscar vías alternativas en el sistema nervioso y, ahora mismo, la única manera de lograrlo es interactuar mediante la neurotecnología.

 

 

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